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Cuando se cumple el cumpleaños de uno de los físicos más celebres, conmemorar el aniversario del gato de Schrödinger supone hablar de una de las paradojas científicas más famosas. ¿Estará el felino vivo o muerto dentro de la caja?

 

Erwin Schrödinger, considerado como uno de los físicos más importantes del siglo XX, junto con Albert Einstein, es protagonista del doodle de Google. La paradoja propuesta por el Premio Nobel de Física está de celebración, ya que hoy se conmemora el 126º cumpleaños del físico, y desde ALT1040 conmemoramos el aniversario del gato de Schrödinger, explicando por qué es tan importante para la ciencia.

Schrödinger nació en Erdberg, una localidad cercana a Viena, el 12 de agosto de 1887. Tras haberse incorporado en 1921 a la Universidad de Zurich, seis años después pasó a la actual Humboldt University de Berlín. Sin embargo, la política antisemita iniciada al comienzo de los años treinta, provocó que el físico abandonara Alemania, en dirección a la Universidad de Oxford.

Poco después de llegar a la prestigiosa entidad académica británica, Schrödinger recibiría la noticia de que había ganado el Premio Nobel de Física junto con otro gran investigador: Paul Dirac. Hoy, en el cumpleaños de este científico, os explicamos su paradoja más célebre. En el aniversario del gato de Schrödinger que celebra Google, nos preguntamos: ¿en qué consiste el experimento del gato que podría estar muerto y vivo a la vez?

Hablar en el aniversario del gato de Schrödinger de la más famosa paradoja del físico austriaco, es todo un reto. Quizás para los que más nos cuesta entender el experimento propuesto por el Nobel, resulte extraño pensar en cómo juntar una caja cerrada y opaca, un felino, una botella de gas venenoso y un dispositivo con una partícula radiactiva en su interior.

Esto fue lo que hizo precisamente Schrödinger para ilustrar una de las consecuencias menos intuitivas de la mecánica cuántica. Y para ello, como explican en el blog de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, el físico plasmó en el artículo titulado “La situación actual de la mecánica cuántica” la siguiente idea:

Uno puede incluso construir ejemplos ridículos. Un gato está encerrado en una cámara de acero, junto con la siguiente máquina infernal (que uno debe asegurar contra el acceso directo del gato): en el tubo de un contador Geiger hay una pequeña cantidad de material radioactivo, tan pequeña que aunque uno de sus átomos podría desintegrarse en el curso de una hora, es igualmente probable que ninguno lo haga. Si la desintegración tiene lugar, el contador se dispara y por medio de un relé hace que un pequeño martillo se ponga en movimiento y haga añicos una pequeña botella de ácido prúsico [cianuro de hidrógeno]. Cuando el sistema entero se deja sólo una hora, uno diría que el gato está aún vivo si en el intervalo ningún átomo se ha desintegrado. La primera desintegración atómica lo habría envenenado.

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